jueves, 1 de noviembre de 2012

Negocio floral: intentar salir reforzados de la crisis

Hoy es la festividad de Todos los Santos y, en un día tan señalado como éste, aprovecho para entrevistarme con mi nueva "emprendedora", Esperanza. Esta mujer, colombiana, de sonrisa permanente, generosa en sus gestos y que usa el lenguaje con habilidad y destreza, lleva años afincada en nuestro país y desde hace dos mantiene abierto un establecimiento en el que el colorido y las fragancias naturales no pasan desapercibidos para el viandante, quizás futuro cliente.

He quedado en su floristería, Viserchi Flower Shop, situada en la calle Embajadores 181b, en el madrileño barrio de Arganzuela. Ante el escaparate, compruebo la excelente colocación y presentación de cada una de las variedades que ofrece al cliente: lilos, tulipanes, rosas, claveles, camelias, orquídeas, hortensias; un capricho floral que se abre ante nosotros para alegrarnos la vista en este frío otoño.



Esperanza me cuenta su trayectoria profesional, me habla de una actividad laboral ligada al área comercial en inmobiliarias y  constructoras. Me comenta que "mi anterior trabajo no estaba vinculado a lo que estaba decidida a iniciar. Como consumidora de plantas y flores, comprobé que este barrio carecía de un establecimiento de este tipo. Así, que decidí iniciarme en esta idea y tener mi propio negocio. Y más, motivada por las ayudas e incentivos que facilitaban, en ese momento, para poder llevar a cabo iniciativas de emprendimiento, como préstamos del ICO o ayudas sociales para la mujeres emprendedoras". 

Poco a poco, me va desgranando las fases por las que tuvo que pasar para hacer realidad su sueño. "Primero presenté la idea que quería y posteriormente me vinculé con el proyecto dedicado a los emprendedores de la Comunidad de Madrid. Tuve una asesoría de 4 o 5 meses, cursos presenciales de administración de negocios y de comercialización. Después, presenté mi plan, para poder recibir el crédito. En ese momento, un crédito fijo de 25.000 euros por ser extranjera". Continúa explicándome que, "finalmente lo que teníamos proyectado, que era un volumen de inversión de 40.000 euros, alcanzó cerca de los 100.000".





Conforme avanza nuestra conversación, compruebo, una vez más, la desesperación con la que se enfrentan todas aquellas personas que quieren iniciar cualquier tipo de negocio. Esperanza me confirma que existe cierta incoherencia en el proceso que se sigue desde que se solicita la ayuda hasta que se hace entrega de la misma. "El crédito se facilita una vez que se ha gestionado el proyecto. Creo que no debería ser así; cómo puedes empezar un proyecto partiendo de cero, económicamente hablando. Mientras se gestiona el crédito, tienes que tener un local alquilado, la obra iniciada. Es un récord poder llevar a cabo un negocio en estas condiciones".

Pese a todos los inconvenientes que me relata, Esperanza dibuja una gran sonrisa cuando hace balance de lo conseguido con su floristería. "Gracias a Dios la tienda va muy bien. Hemos acertado con la zona elegida, es importante saber dónde te vas a ubicar. En este caso, el barrio es nuevo. La respuesta ha sido muy favorable".



¡¡¡¡Reto de futuro!!!!, realiza una gran exclamación al pensar en otra cosa que no sea el día a día: "De momento, sobrevivir. Estamos aguantando el tirón. En España, en estos momentos, cualquier persona que decide emprender tiene que ir avanzando poco a poco. Además, la Administración en esta época de crisis no nos lo pone fácil, ya que la aprobación del incremento del IVA del 8% hasta el 21% nos ha perjudicado, porque para que no repercuta en el consumidor, lo hemos asumido los proveedores y el gremio de floristas".

Esperanza es una mujer clara en sus aseveraciones, que no se anda por las ramas. "Tenemos una debilidad frente a aquellas personas que venden también este tipo de productos en tiendas con una franja horaria amplísima, o con aquellas que venden de forma ambulante. Ya que, en la mayoría de estos casos, no se pagan los impuestos correspondientes por el ejercicio de esta venta".

Actualmente, me dice que la facturación, pese a la crisis, "la hemos conseguido mantener, basándonos en la calidad de nuestro género y el buen servicio que ofrecemos a nuestros clientes. Lo primero es la presentación de la tienda y el cuidado de nuestros usuarios".

De cara a los emprendedores, denuncia el arma de doble filo que supone el  planteamiento de la Administración a la hora de animar a la gente a convertirse en empresario, "emprendedor", ya que según Esperanza, "se han ofrecido cosas que no se han podido cumplir. Prometieron y prometen subvenciones a la gente para que se anime a iniciar proyectos empresariales y resulta que, por la crisis, todo lo prometido no puede llevarse a efecto. Con lo cual, hay muchas personas que se han quedado estancadas en la finalización de sus sueños porque dependían de la llegada de esas ayudas para echar a andar".

Pese a todos los inconvenientes que me indica, Esperanza es una mujer positiva y piensa que "la gente no debe amilanarse e intentar llevar a cabo sus proyectos de futuro". Según ella, "si conseguimos dejar atrás la desidia en época de crisis, saldremos más reforzados para años venideros".














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