lunes, 17 de junio de 2013

MasterChef no es vivero para emprendedores

Ayer por la mañana, aprovechando el día veraniego del que disfrutábamos en la ciudad de Madrid, me decidí a asistir al madrileño Parque de El Retiro donde, desde el pasado 31 de mayo, todos los viandantes que hayan paseado por las calles de este magnífico e inmenso jardín, han podido disfrutar de jornadas dedicadas a los libros y, por ende, a la lectura y el disfrute de los mismos.

Me introduje en este maravilloso sector del "negro sobre blanco" desde una de las entradas que El Retiro tiene por la Avenida Menéndez Pelayo. Lugar del que hacía tiempo no disfrutaba y que me recuperó olores, sensaciones y emociones, olvidadas hace años. Pasados los primeros metros, me encontré con la Biblioteca Eugenio Trías, un edificio realizado en homenaje al extraordinario pensador y construido sobre lo que antaño fuera uno de los lugares de ocio más populares de Madrid, la antigua Casa de Fieras del Parque del Retiro. La edificación, de amplios ventanales, se encuentra cargada de libros para la lectura, la formación y el disfrute de los madrileños y de todos aquellos que vivan en el entorno o que acostumbren a acudir a uno de los más importantes pulmones de la ciudad.

Conforme avanzaba en mi caminar, me encontré con la colocación sucesiva de las casetas pertenecientes a la Feria del Libro y levantadas para esta ocasión. Un sol de justicia golpeaba el asfalto del tradicional Paseo de Coches y convertía el lugar en un verdadero hervidero, del que los transeúntes tratábamos de huir, escondiéndonos de los rayos del sol bajo los aleros desplegados de los puestos.

En mi pasear por los diferentes stands pude comprobar como muchos de ellos contaban con la presencia de algunos de los más importantes exponentes españoles de la escritura, de la política, de la economía, de la comunicación y de la filosofía. Profesionales que adquirieron su actual posición tras años de esfuerzo y trabajo, dedicados en exclusiva a la consecución de la "excelencia" en cada una de sus materias. Entre ellos, se encontraban los escritores Javier Marías, Manuel Vicent, Antonio Muñoz Molina, Julio Llamazares, Ángeles Caso, Javier Sierra y  Juan José Millás; el economista Carlos Rodríguez Braun; los políticos, Alfonso Guerra y  Miguel Angel Moratinos; los periodistas Mario Tascón, Ernesto Ekaizer, Roberto Brasero o Paloma Gómez Borrero.



Personas pertenecientes a generaciones diferentes que mantienen como nexo de unión una misma manera de alcanzar el éxito en sus actividades profesionales, que no es otro que la constancia y el esfuerzo, unido a una total dedicación. Profesionales que fueron "emprendedores" en el desarrollo de su profesión, entendido éste emprendimiento como la capacidad de generar bienes y servicios de una forma creativa, metódica, ética, responsable y efectiva.

Este pensamiento se disipó en un momento de mi visita a la Feria. Unos metros más adelante me llamó la atención la multitud tan descomunal que se agolpaba frente a una de las casetas. El parpadeo de los flashes alimentó en mí la curiosidad por saber quien o quienes serían  las personas que se encontraban firmando autógrafos en dicho stand. Mis pasos se encaminaron hacia aquel enjambre de personas que revoloteaban nerviosas unos metros más adelante y, por fin, el misterio se desveló ante mí. Los protagonistas de tanto revuelo, que compartían en el mismo stand horario de firma de ejemplares con el magistral articulista Ernesto Ekaiser, no eran otros que dos de los participantes del programa Masterchef, Clara y Cerezo, que acudían junto al cocinero Jordi Cruz a la firma del libro que publicitaba el programa.


Este hecho hizo que volviera a recuperar mi pensamiento anterior a esta visión mediática de lo que supone la  participación en un programa de televisión, en este caso desarrollado además en un canal de nuestra televisión pública, como fórmula para conseguir el éxito y el logro profesional de una persona, únicamente asociado al hecho de haber sido "tocado" por la varita mágica de la suerte.

En una sociedad como la actual, en la que la gente está intentando "emprender" proyectos profesionales personales, orientados hacia la creación de riqueza y centrados en la gestión de un riesgo calculado, de la que resulte la creación de valor que beneficie a la empresa, la economía y la sociedad. Resulta llamativo que el "modelo" que intentemos implantar en esta, nuestra sociedad, sea el del profesional que logra sus metas apoyado en su devenir  por un programa de televisión y que este hecho se convierta en el único valor añadido en su perfil laboral.

No dejaré de asombrarme ante imágenes como las vividas ayer, donde decenas de personas se sumaban a una fila interminable que les conduciría a la firma del autógrafo deseado del personaje "popular" de turno en cuyo currículo solo tiene el haber participado en un programa de televisión.

Si verdaderamente queremos demostrar nuestra admiración y apoyo por el buen trabajo de alguien, echémonos a la calle y felicitemos, reuniendo al mayor número de personas posibles, al comerciante que intenta sacar adelante su negocio y al agricultor que diariamente lucha por conseguir la mejor cosecha. A los jóvenes que finalizados sus estudios intentan hacerse un hueco en el mercado laboral con iniciativas originales y creativas. A los mujeres y hombres, que en una franja de edad de entre 35 y 55 años y con años de experiencia a sus espaldas, se encuentran actualmente en el paro intentando reengancharse a un oficio. A todos aquellos autónomos que esperan que la Ley de Emprendedores mejore sus condiciones laborales. Y, como no, a todos aquellos que intentan emprender nuevos caminos a través de la investigación, la innovación, la tecnología, la literatura, la educación...

Los programas de televisión no son viveros para verdaderos emprendedores....

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